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jueves, 17 de mayo de 2012

Una entrevista que me hicieron hace 5 años

H.- ¿Qué pretendes con esta charla?
S.- Como tu dices será una breve conversación, no un libro, donde simplemente aparte de no aburrir, desearía compartir mis reflexiones, sentimientos, inquietudes, en definitiva, cosas de mi vida.

H.- ¿Tan interesante te parece, que te permites publicarla?
S.- Mira, no lo sé. Desde luego no será para alucinar. Sé que no digo nada nuevo, pero tal vez contando algo sobre mis vivencias alguien se sienta identificado, interesado y acompañado.
La idea me vino sencillamente porque un día pensé «hombre, con la cantidad de gente que cuenta cosas ¿por qué yo no?». Y aquí estoy, esperando que también me sirva a mí para aclararme un poco.

H.- ¿Y no tiene algo de egocentrismo?
S.- Seguro que lo hay, siempre el ego está por ahí esperando salir.
 Sé que muchos pensarán «mira este burguesito que ahora va de trascendental y pretende darnos leccioncillas morales».

H.- ¿Y no lo eres?
S.- Sí, lo soy. Y no sabes como me hace entrar en contradicciones personales… Lo de leccioncillas, para nada.

H.- ¿Qué contarás?
S.- Hablaré de muchos temas:
Que, por supuesto, es básico cubrir necesidades que implican tener dinero: alimentación, salud, educación, bienestar… pero ¿cuál es el límite?
Que acumular riqueza sin sentido es como un jueguecito más, inventado por los humanos para distraernos de la realidad, para huir de nuestros temores y vacíos.
Que estamos muy mal preparados para las emociones y relaciones, en un sistema en el que la educación y la familia fallan.
Que hay muchísimas otras cosas a las que estamos cerrados; que hay que darse oportunidades para cambiar y abrirnos si podemos.
Que tenemos que luchar contra lo que no nos guste de este mundo.
Que nos complicamos muchísimo la vida; que es bueno hacerla más simple; descomplicarse; no torturarse. Amar.
Que yo caí, como un mortal más, en las trampas de nuestro sistema: me resultó demasiado tentador y adictivo.
Y puedo afirmarte por mí mismo –y ésta es mi gran verdad- que es mejor una vida emocionalmente estable que la búsqueda sin sentido de riqueza material.
Lo malo es que hay que llegar primero a este estado de bienestar en el que me encuentro ahora para luego darse cuenta de muchas cosas de las que hablaremos… así que, por mucho que cuente, dudo que a algunos les sirva de algo.

(Pulsa más información para leer la entrevista completa)

H.- Cuando dices «Yo he creado Natura, ¿y?» ¿Qué quieres decir?
S.- Que he montado una empresa desde muy abajo, que he disfrutado y he ganado dinero. ¿Y?
A mí me ha proporcionado más seguridad, bienestar y algo más de ego. ¿Qué es eso comparado con la satisfacción personal, con la serenidad, con la paz interior, cuando eres dueño de tu vida?  Nada, te lo aseguro.
Obviamente, tal como está creada nuestra cultura, a primera vista parece una fantasmada afirmarlo, pero yo ahora lo siento así.

H.- ¿Y no es compatible?
S.- Sí, pero en mi caso yo no tenía una buena base emocional. Y por ello me refugié en el trabajo, en la cotidianeidad y en la rutina, para esconderme de la vida. De mis temores.

H.- ¿Cómo se te ocurrió crear Natura?
S.- Buf… es un tema largo.

H.- Estamos entre amigos, cuenta.
S.- Bien. Empezaré por mis diecinueve años. Era feliz, superficial e inconsciente. Me preocupaba por ligar, me gustaba ir al colegio.
Mis amigos tenían motos, casas de veraneo, hermanos; yo estaba algo acomplejado, inseguro, porque no tenía nada de todo eso; mis padres no eran un ejemplo de pareja feliz, pero era soportable porque me adoraban. Todo era más o menos normal. Cuando de repente, una tarde de domingo, la inconsciencia se transformó en consciencia.
La cúpula de cristal que me protegía se rompió en mil pedazos, quedando al descubierto, inválido y desprotegido.
Sucedió lo que Eric Frohm define de forma magistral como «la separatividad».
La separatividad se da cuando tomas consciencia de tu existencia, de que estás tu sólo ante el universo, de que mamá ya no está para protegerte y al final te espera la muerte inevitablemente.
Nacemos contra nuestra voluntad y morimos contra nuestra voluntad.
Así pues, la separatividad es la fuente de una intensa angustia existencial, y su único remedio, el amor.

H.- ¿Y?
S.- Lo pasé fatal una larga temporada.

H.- ¿Qué significa, lo pasé fatal?
S.- La melancolía y la tristeza se apoderan de ti. Los atardeceres te desgarran el alma. No sabes donde encontrar consuelo y te sientes muy solo. Herman Hesse se convierte en tu autor preferido. Una angustia tremenda te acompaña sin tregua cada día y buscas desesperadamente un refugio. Te conviertes en un permanente insatisfecho.

H- Caramba ¿Algún consejo?
S- Respira, no te sientas solo. Somos muchos los que nos hemos sentido así. Háblalo, exprésate, y verás cuanta gente a tu alrededor te comprende. Solo debes encontrar esas personas que ya pasaron por ello, de lo contrario no sabrán de qué hablas ni qué estás sintiendo y te sentirás muy solo. Estás despertando a la vida y a algunos no nos han preparado para ello.
¿Por qué unos despertamos y otros no? Misterio y a veces putadita.
Te parecerá un tópico, pero  cuanto antes te enfrentes a ti mismo y a tus temores, mejor.
Y te lo dice alguien que todavía está en ello, así que ya puedes deducir que es un proceso largo y complejo, por mucho que los librillos de autoayuda –que todos dicen lo mismo y abundan como setas- pretendan hacernos creer que es fácil y, encima, nos lo presentan como un proceso bonito… no te los creas.

H.- Volvamos a tu historia.
S.- Mejor (risa). Este despertar es lo que ha marcado toda mi vida y ha hecho que mi vida gire en torno a ese condicionamiento.
Tenía veintidós años, acababa de dejar medicina. Lo había dejado porque en casa había penurias económicas y debía empezar a trabajar, y también por mis crisis existenciales (no me concentraba).
Con dos amigos montamos un taller que podríamos llamar de diseño casero. Le puse el nombre de Zabriskie en honor a la película de Antonioni, Zabriskie Point, con la que me identifiqué mucho.
Hacíamos objetos al estilo pop art, todo era manual. Utilizábamos toda clase de elementos y productos químicos (que nos colocaban a nosotros y a los vecinos).
Había un producto para el que necesitábamos latas usadas de refrescos e íbamos a los bares a recogerlas y teníamos que limpiarlas una a una (¡que peste echaban!); probábamos una parida tras otra. De ahí salieron objetos como lámparas, ceniceros, mecheros, portarretratos, relojes, cinturones, vasos… en fin, de todo… que luego vendíamos a las tiendas, y con lo que ganábamos volvíamos a comprar más material y vuelta a empezar. Ciclo típico.
Era durillo, pero lo pasábamos en grande; sin un duro, pero entre amigos y música. Sin tener que madrugar, sin jefes. Era un tugurio de mala muerte.
Empezamos desde muy abajo, con quince mil pesetas.
Uno de mis amigos, Remo, tuvo que dejarlo al tener un hijo, y el otro, mi querido Marco, falleció en un lamentable accidente de coche.
Seguí solo, por inercia, mientras la madre de mis hijas, Montse, que trabajaba en algo convencional, ingresaba el dinero que yo no podía ingresar. Más tarde se incorporó de pleno siendo de una ayuda inestimable. Al igual que mi padre, junto a su secretaria Eulalia (que ya había trabajado para mis abuelos), que después de arruinarse se vinieron a trabajar con nosotros.
Y te puedo asegurar que trabajar con mi padre a veces no resultó fácil; teníamos visiones distintas y discutíamos a menudo.
Para un hombre como él, que siempre fue jefe, tener que trabajar para su hijo fue un poco duro. Pese a su edad era incansable, con una ilusión y optimismo increíbles. Aún lo sigo admirando y echando de menos.
Seguimos así mucho tiempo, hasta que comprendí lo que tantas veces había oído: o compras o vendes, pero no fabriques, que es lo que hacíamos.
Así que dejamos de complicarnos y montamos las tiendas Zabriskie que nos costaron lo suyo sacar adelante.
La verdad es que solía darle bastantes vueltas a como crear algo que, sin gran inversión, me reportara dinero y, a la vez, reconocimiento. Supongo que las penas económicas vividas en mi infancia y las ganas de demostrar algo ante los demás me llevaban a ser ambicioso económicamente.
A mis treinta y cinco años llegó la inspiración. Había que vender las cosas con emoción.
Las tiendas no podían ser normales y corrientes. Soñaba como a mí me gustaría que fueran las tiendas. Cada noche en la cama, con los ojos cerrados y con música, imaginaba esa tienda una y otra vez, la visualizaba. Siempre he sido nocturno.
A partir de la puesta del sol es cuando leo, escucho música, me relajo,… lo vivo de una forma distinta, como si mientras hubiera este sol no me lo pudiera permitir. Siempre he sido de cenas, no de comidas.
Cuando estoy más angustiado o existencialmente inquieto es durante el día.
Bueno, sigo.
Creía tener una buena idea pero no tenía apenas dinero, lo que me producía una inquietud importante ya que si salía mal, la caída podía ser dura.
Tuve que recurrir a la búsqueda de socios, que rechazaron amablemente mi propuesta. ¿Estaba yo equivocado? La renta del local era una animalada para aquellos tiempos; luego había que decorarlo y comprar la mercancía.
Para mi nivel económico todo parecía una temeridad; la tensión en casa, con dos hijas, era notable. Al fin opté por irme de viaje y, si a la vuelta, el local permanecía libre, sería la señal y me lanzaría. Así fue.
Gracias al aval del piso (que era de mi mujer) pudimos conseguir un crédito.
No podíamos fallar, teníamos que transmitir algo distinto. A través del olor, la música, la luz, los colores, los productos, transmitir emociones e intentar mantener siempre un equilibrio entre principios y rentabilidad.
El reto era que había que hacerlo todo sin apenas dinero. La decoración y materiales lo más sencillos posible pero efectivos; todo era fachada, detrás no había nada.
Debía parecer que viajábamos por todo el mundo buscando productos muy seleccionados. Poder ver las cosas que hay en otros países, oler, oír, tocar.
Las personas, al entrar en la tienda, deberían sentirse diferente a como se sentían en otras tiendas. Este era el motor, la inspiración y el objetivo.
Pero teníamos mucha ilusión y dedicación, creíamos firmemente en el proyecto Así, a base de constancia, ilusión, energía y sufrimiento, conseguimos el éxito de Natura, pero siempre en plan muy familiar.
Ahora, con la perspectiva del tiempo, siento que tuvimos mucho mérito empezando desde tan, tan abajo.

H.- ¿Tienes una visión especial para los negocios?
S.- Creo que sí. Es algo innato, un pequeño don heredado de mi padre. Y lo supe desarrollar, simplemente. Es como si supiera lo que la gente va a comprar... tiene algo de mercader. Luego se complica y se convierte en una empresa, pero el origen es ser comerciante.
A medida que Natura crecía, mis neuras existenciales seguían ahí. No me fue nada fácil compaginarlo. Cuántas veces me he planteado « ¿Qué estoy haciendo yo en este trabajo? ¿Es esta la vida que deseo?» ¡Cuanto he tenido que disimular mis estados de ánimo!
Suerte que siempre tuve un termómetro interior instintivo que me señalaba un límite de horas a partir del cual me sentía mal, vacío, sin sentido y que me obligaba a parar e irme.
Creo que saber escucharse es bueno, no pasar por encima de tus emociones.

H.- ¿Enseguida tuvisteis éxito?
S.- Sí. La suerte del momento ayudó mucho.
Yo no me quería complicar la vida. Me recomendaban que montara franquicias, que era un buen sistema y yo no sabía ni lo que eran.
¿Me quedaba como estaba o me lanzaba? Me agobiaba crear algo que luego fuera una losa que tienes encima y que no puedes soltar. Obviamente tenía mis momentos de subidón, mi ego, mi codicia, pero no lo tenía claro. Al final, triunfó la ambición.
Recuerdo que nuestro primer contrato de franquicia lo sacamos de un ejemplo de texto que venía con el programa Word de un Mac que ahora está en los museos de arte moderno. Allí donde ponía Pepito lo cambiábamos por Natura. ¡Mira tú qué fácil! Sin abogados ni historias. Aún hoy en día no me explico cómo hemos llegado a ser un grupo con casi doscientas tiendas en diferentes líneas y con distintos nombres.
Sin planificación, sin publicidad, sin normas, en un pequeño caos diario. Somos lo contrario de lo que se estudia en las escuelas de negocios. Improvisamos cada día, con prudencia y sin grandes ambiciones, dejando fluir, huyendo de los convencionalismos empresariales. Incluso la incorporación de Esperanza (la protectora de Natura) fue de lo más casual. Y puedo asegurar que sin ella y Montse nada hubiera sido igual.
Creo que no podría tener una empresa de estas que salen en la prensa o en la tele. Nunca me creí este rol de ejecutivo agresivo…Me provocan alergia.
Ahora sé que no sería igual, todo ha cambiado tanto en diez años. Me temo que repetir un éxito como el que tuvimos, con tan poco dinero, seria imposible.
Actualmente las barreras de entrada para empezar una empresa son brutales, todo esta copado, no hay huecos.
Así que los jóvenes que desean empezar una empresa lo tendrán francamente mal. Todos acabarán trabajando para grandes corporaciones.

H.- Un poco catastrófico, ¿no?
S.- Piénsalo por un momento y dime cuantas empresas de cierto volumen conoces aquí en España creadas estos últimos cinco años y que no pertenezcan a un grupo.

H.- Pues no se me ocurren muchas… ¿Te cambió el éxito de Natura?
S.- Sí. Tu ego engorda, la gente te alaba, te respeta más… claro que hay cambios, y ya no digamos económicos. Las miserias en tu vida cotidiana desaparecen de golpe. De pronto, de llegar justito a fin de mes pasas a no tener que pensar en el dinero. Te conviertes en Sergio, el de «Natura».
Juegas a ser empresario, tienes poder, hay que tomar decisiones, la gente debe escucharte en las reuniones, la vanidad se dispara al igual que la codicia, debes estar alerta a no creértelo demasiado, mantener siempre la empatía, la sensibilidad.
Te pondré un ejemplo: Imagina que propones en tu empresa una reunión a las ocho de la noche. Esta reunión la convocas porque hay un problema, pero siempre será, en el fondo, para ganar más dinero. Tu estás sacrificando tu vida privada porque así lo quieres ¿Te hace más feliz eso? Vale. Pero tienes que ser consciente que estás jugando con las vidas de las demás personas. Ellos tal vez no tienen tus mismos puntos de vista con respecto a ganar dinero y valoran estar con la familia. Eres tú el que hace que esa gente llegue tarde a casa, que no vean a sus hijos y que, teniendo unas ideas opuestas a las tuyas, tengan que tragar con éstas. Darse cuenta de esto es empatía, ser sensible y humano, de como tus acciones o decisiones perjudican a otros.
Puedes creerte un ejecutivo agresivo constantemente y seguro que te lo pasarás bien, pero si eres un poco sensible debes darte cuenta que a veces estás jugando con la vida de otras personas.
Las empresas y empresarios deberán cambiar a toda máquina su manera de concebir el logro del beneficio económico para adaptarse a los cambios emocionales y personales que se están gestando. El concepto actual de empresa quedará obsoleto pronto.

H.- ¿Cómo se lleva tener algo de dinero?
S.- Muchas personas dicen «si tuviera tanto, si me tocara cuanto, intentaría cambiar el mundo y me iría a África, sería solidario y lo donaría casi todo». ¿Y sabes por qué lo dicen? Porque no lo tienen.
Cuando lo tienes, dejas de soñar, te vuelves avaricioso, temeroso y solo quieres más y más, no hay límite. Temes perder lo que tienes.
¿Por qué nos cuesta tanto desprendernos de los bienes materiales? Cuando nada se tiene, nada temes perder. Cuanto más tienes, más temes.
Tenerlo es una prueba que hace que te lo plantees cada día. Por supuesto que es agradable tenerlo.
Mira, yo ahora me puedo dar el gusto de escribir esta especie de charla, por ejemplo.
Hay que diferenciar, a mi modo de ver, lo que es la pobreza, la miseria y la riqueza.
La pobreza es el estado en el cual hay verdadero sufrimiento físico. La alimentación es una preocupación, se carece de sanidad y educación.
Las miserias se producen cuando ganas dinero, más o menos lo suficiente para sobrevivir, pero no para arreglarte la dentadura, pagar al contado las cosas, no poder ir de vacaciones en verano , no poder cambiar los neumáticos gastados del coche… en fin, lo que ya sabemos y que crea tensiones familiares importantes.
La riqueza, por el contrario, puede ser mayor o menor, pero pasas del umbral de las miserias a poder estar más tranquilo económicamente.
Pero realmente, si pasamos a ese estadio, las diferencias son relativas si las observamos objetivamente. Y hay una tremenda diferencia entre estos tres niveles de economía.

H.- ¿Cómo surgió el premio Natura?
S.- Como una consecuencia más de nuestra filosofía empresarial. El primer año ya nos sentimos con la obligación de compartir algo del beneficio obtenido.

H.- ¿Y no lo utilizáis como campaña de marketing para promocionaros?
S.- Siempre hemos sido reacios al marketing con un tema tan serio.
Te contaré algo referente a este tema: El otro día, según publicó La Vanguardia, una asociación sin ánimo de lucro recaudó el año pasado cuarenta mil euros que fueron destinados a un proyecto solidario. Hace unos meses, esta asociación organizó otra cena, a trescientos euros el cubierto, para volver a recaudar fondos. Al acto asistieron todas las personalidades de la alta y selecta burguesía catalana atraídas por la presencia de un prestigioso empresario del textil, cuyo patrimonio, según la revista Forbes, asciende a mil seiscientos millones de euros.

H.-…
S.- ¡Por el amor de Dios! Cualquiera de estas personas puede dar un talón de cuarenta mil euros en un parpadeo y ahorrarse toda esta parafernalia de cenita. ¿Para qué asistir? me pregunto. ¿Por qué no envían directamente su aportación, informándose previamente y donando lo que crean necesario? Entre todos los que fueron a la cena, si sumamos sus fortunas, alucinaríamos. Y juegan a cenas solidarias donde dejarse ver es más importante que la causa.
Cuidado con este tema, del cual creo que se está abusando, y más cuando llegan las fechas de Navidad, donde la frivolidad se entremezcla con temas muy serios.
Hay actos, y me consta personalmente, en los que realmente los asistentes y organizadores son gente sencilla y de corazón, donde humildemente intentan recaudar lo que pueden para causas justas y necesitadas.

H.- Volvamos al premio Natura.
S.- Empezamos en el 92 con una aportación de 6.000 € y cada año hemos ido aumentándola hasta hoy, que está dotado con 150.000 €. En total han sido más de 800.000 € entregados durante estos 15 años a distintas ONG’s, asociaciones y fundaciones con los que se han financiado proyectos dirigidos a preservar nuestro planeta o a ayudar a personas en situaciones de primera necesidad en países como España, India, Kenia, Congo, Malawi, Gambia, Ghana, Perú o Kirguizistán, entre otros.

H.- No está mal para vuestro nivel, ¿No?
S.- Lo importante es la continuidad; ir sumando año tras año. Tampoco creo que tengamos que darle mayor importancia. Es un logro de todos los que trabajan en la empresa y de nuestros clientes, que saben que una parte del importe de sus compras sirve para financiar estos proyectos.
Me da igual que una empresa gane diez, cien o mil. Todas pueden y deberían ser agradecidas y devolver una parte de sus ganancias, cada una en relación con su volumen.
Creo que es una obligación moral de todos para equilibrar un poco las injusticias sociales y que, al no ser asumidas por los gobiernos, tienen que asumir las ONG o particulares.
Se llama premio Natura porque también pretende ser un reconocimiento a la labor de tantas personas anónimas que entregan su vida a labores humanitarias o ambientales.
El dinero del premio siempre es manejado por personas que saben lo que están haciendo, que son profesionales. Personas a las que admiro profundamente.
Un comité decide quien es el ganador de cada edición y se encarga del seguimiento del proyecto. Hasta la fecha todos se han ejecutado con los presupuestos y plazos previstos.

H.- Habrá gente que diga: «claro, como desgrava».
S.- Sí, claro, desgrava, pero no dejas de pagar. Si quieres lo explico, aunque es un rollo de números.

H.- Sí, por favor.
S.- Mira, si gano 1.000, pagaré 350 de impuestos y me quedo con 650 limpios. Si gano 1.000 y doy 100, que me deduzco, pagaré 315 en lugar de 350 en impuestos, pero me quedarán solo 585 limpios. La empresa, pues, dando estos 100, se queda con 65 menos (diferencia entre 650 y 585) por haber entregado 100. El Estado acaba cobrando 35 menos porque la ONG no tributa por los 100.

H.- ¿Natura controla de alguna forma la fabricación de los productos?
S.- No. No podemos controlar todo el proceso. Nunca nos hemos definido como comercio justo ni empresa ecológica ni alternativa. Nunca hemos utilizado esos términos, ya que hubiéramos mentido.

H.- ¿No tendría que dar ejemplo y hacerlo?
S.- Hoy, todavía lo veo imposible. Conseguimos controlarlo solamente en algunos casos, en India, por ejemplo, donde producen familias a las que conocemos desde hace muchos años. Pero en general no tenemos medios para hacerlo. No tenemos suficiente envergadura de empresa como para hacer una auditoria permanente, proveedor por proveedor, desplazándonos pueblo por pueblo para controlar las condiciones laborales. Lo cierto es que tenemos que conformarnos con preguntar y creer lo que nos dicen.

H.- Imagino que esto habrá conllevado ciertas críticas o alguna sonrisa irónica.
S.- Sí. Somos muy criticables. Fabricamos en China porque es más barato. ¿Y por qué fabricamos en estos países? Porque aquí no sería competitivo. Y si queremos existir, tenemos que seguir ese juego. De lo contrario, Natura no existiría. Es una cuestión de supervivencia empresarial.

H.- ¿Hay quien piensa que todo esto está en contradicción con las ayudas que luego prestáis?
S.- Puede ser. Lo entendería.

H.- Natura, ¿mantener o vender?
S.- A veces se me plantea la duda. Pero de repente pienso ¡No! No me da la gana de caer en la tentación que te pone el sistema o el dinero. Yo siempre he admirado a la gente que no tiene precio.

H.- ¿Todos tenemos un precio?
S.- No todo el mundo, por fortuna. Pienso, por ejemplo, en tantos campesinos que tienen una oferta millonaria por sus tierras pero siguen levantándose a las cinco y media de la mañana para trabajarlas y piensan que para qué vender si esta es la vida que quieren llevar. Bien por gente así, con principios e ideas claras.

H.- ¿Como enfocas ahora tu trabajo?
S.- Desde hace algún tiempo me planteaba que una de las ventajas de tener dinero podría ser tener tiempo. Entonces, ¿por qué no hacerlo? Así que decidí ir al despacho solamente algunas mañanas a la semana para mantener la dirección del negocio de la misma manera que lo he llevado siempre. Y el resto del tiempo «me lo he quedado».
Ahora estoy aprendiendo a aburrirme, a vivir con calma, y mira qué fácil parece y qué difícil resulta después de tantos años de no hacerlo y tantos hábitos creados; es un cambio de vida bastante radical.

H.- Esto sí que es un lujo.
S.- Claro. Pensé: « ¿Qué me puede aportar el tener más dinero? Nada». No tengo que trabajar si no me apetece, debo ir por ilusión, no más excusas para no vivir de otra forma o, por lo menos, intentarlo.
Claro que asusta y te engañas a ti mismo de mil maneras y alargas la decisión.
Un dilema curioso, que era una de mis excusas, que seguro que nos planteamos a menudo en silencio y me gustaría compartir: ¿Ahorro para la vejez? ¿Cuánto he de preocuparme por mis hijos? ¿Cuánto necesitaré?
Es una dicotomía que tiene narices. ¿Trabajo más para ganar más y así ahorrar pensando en el mañana? ¿Pero entonces no me dedico a vivir el presente, no lo disfruto ahora que puedo? ¿Y si mañana me voy de golpe de esta vida? ¿Carpe diem?
¿Entonces? (risas). Lo que es patético es toda esa gente avariciosa que acumula y acumula grandes riquezas hasta el último día de sus vidas, como si se las pudieran llevar al más allá.

H.- ¿Qué otras profesiones te gustan, aparte de la tuya?
S.- Médico, director de cine o compositor de música. Cualquiera de esas tres. La mía, comerciante, no la valoro tanto.

H.- ¿Es una de tus tantas contradicciones?
S.- No. Me gusta lo que hago porque monté un tipo de empresa a mi imagen y semejanza. Pero al fin y al cabo, la definición de lo que hago es el comercio. Y, en sí, el ser comerciante no tiene comparación con otras profesiones que recompensan más, social o humanitariamente hablando.
Creo que una de las poquísimas profesiones que puede dar sentido a la vida por sí misma es la medicina. Humanamente bien entendida.

H.- Cambiamos de tema; tengo anotado que te entusiasmaron los documentales que emitió TV2 los domingos. Creo que se titulan Otro mundo es posible.
S.- Enhorabuena a Carlos Estévez, creo que es el autor. ¡Qué buenos han sido! Entrevistas a Jean Ziegler, Eduardo Galeano, Manu Chao, James Lovelock,entre otros muchos. Dicen cosas muy interesantes y comprometedoras que despiertan gran conciencia social y te revuelven por dentro. Viéndolos, no hay nada más que añadir.

H.- Son documentales antiglobalización, ¿no?
S.- Exacto. De esta mentira llamada globalización con la que nos hacen creer que a la gente les va a llegar a todos el mismo bienestar, cuando lo que imponen es un sistema ultra-capitalista que hace que los ricos sean más ricos y los pobres más pobres.
Bien entendida, podría ser interesante para el mundo, pero no como se está realizando.

H.- Momentos contradictorios ¿no?
S.- Estamos en un mundo absolutamente loco. Por un lado encuentras personas que te hablan de espiritualidad, de paz, solidaridad, ecología, y por contra cada vez hay menos libertad, menos compasión, un capitalismo salvaje y un desequilibrio entre países de vida o muerte.
Unos datos que todos creo que sabemos ya: «cien mil personas mueren cada día por motivos de desnutrición en el mundo». «Ochocientos cincuenta y seis millones de personas permanecen mal nutridas». La FAO afirma que hay comida para doce mil millones de personas y somos seis mil. ¿Y el tema de los medicamentos? ¿Y el agua? ¿Y los gobiernos impuestos por otros países? ¿Y  la fabricación y venta de armamento? ¿Y la corrupción? ¿Y tantas y tantas cosas?
Todo por intereses políticos y económicos jugando con vidas humanas y, como siempre, los perdedores son los niños, los ancianos, los enfermos, los agricultores o simples y humildes trabajadores.
Algunos días, cuando veo tanta injusticia y corrupción, me abato, me supera tanta complejidad y tan pocas mejoras. Pasaría del hombre y me largaría a una cabaña. Somos todavía demasiado complicados y complejos. Claro que hemos mejorado como especie en cuanto a calidad de vida superando grandes retos evolutivos (pagando un coste que pronto nos pasará factura).

H.- ¿No crees que ahora la gente está muy acomodada, que no quiere pensar en rebelarse contra nada?
S.- Sí, estamos muy acomodados. Nada cambia. Sobran datos e información y falta acción para dejar de jugar a las lamentaciones.
No podemos dejar pasar más tiempo con esta actitud semipasiva, justificándonos eternamente. Basta.

H.- ¿Tú no crees que si mañana aparecieran líderes o coordinadores que nos llevaran a la lucha contra todo esto, pasado mañana no estarían vivos?
S.- Pues no lo sé. Tendrán que ser valientes.

H.- ¿Otro mayo del 68?
S.- Algo así, pero con continuidad. Durante un mes tuvieron en vilo a todo el sistema. Luego, a la larga, no sé si ha servido de mucho, pero siempre será una referencia. Toda acción sirve. Para bien o para mal.

H.- ¿Y quiénes podrían ser?
S.- No tengo ni idea. Pero tal vez personas como Satish Kumar (nacido en India y desde 1973 afincado en Inglaterra, es el guía de un gran número de movimientos ecologistas y educativos).

H.- ¿La culpa de todo la tienen los Estados Unidos, como piensa mucha gente?
S.- Estados Unidos es un país muy grande. Y hay mucha gente. Es cierto que ahora la tendencia es culpar de todo a los americanos, pero tienen cosas buenas con gente muy válida, tanto humana como profesionalmente. La gente ve a Bush y a otros como él y los confunde con el resto de los norteamericanos. Y no es justo.
América, como Italia, Francia, España, Inglaterra, Australia o cualquier país, tiene cosas que pueden considerarse buenas y malas. La componen seres humanos.
Para mí, lo peor que tienen los USA es su colonialismo cultural mundial, su Coca-colonización, para así favorecer sus intereses, mientras estamos perdiendo la diversidad de culturas.

H.- ¿Es necesario irse a África o a lugares lejanos para ayudar a los necesitados?
S.- No, desde aquí muchísimas personas están realizando una labor magnifica y muy comprometida.
Pero yo, si fuera valiente y desapegado, estaría ahora en África. En el frente de batalla. Viendo, aprendiendo, valorando, intentando estar y respetando humildemente para después intentar ser útil allá donde pudiera serlo.
Llevar agua, por ejemplo, donde prácticamente no la hay, es llevar la vida. Creo que lo que marca la diferencia entre pobreza y supervivencia es el agua.
Aquí, en la Europa civilizada, estamos tan tontos que importamos agua de países tan lejanos como Canadá, en botellas de diseño. Barcos cargados de algo que no necesitamos y pagamos una animalada por ellas. Mientras que en otros lugares del mundo caminan seis horas para recoger apenas unos litros. No tiene sentido.
La gente conoce África por las fotos, por reportajes, pero no se puede comparar con una vivencia propia. Yo no puedo opinar sobre lo que no conozco, pero sí de lo que he visto, y aunque sea poco, puedo afirmar lo que digo.
Tú puedes leer o ver como alguien es capaz de escalar a ocho mil ochocientos cuarenta y ocho metros de altura sin oxígeno y como a cada paso siente que le falta el aire y debe descansar, ves como se ahoga, sufre, ¿pero sentirlo? Solo si escalas estos metros podrás experimentarlo, sufrirlo, sentirlo, y seguro que luego lo valorarás mucho más.
Sólo escuchar a cooperantes que han trabajado en un campamento de refugiados de quinientas mil personas me perece tremendo. Imagínate vivirlo. Es imposible que nadie imagine como debe ser. Porque no hemos estado a treinta y ocho grados, oliendo, viendo, escuchando el lamento colectivo de niños, ancianos, mujeres, bebés. La impotencia ante tal dolor y ante la falta de dignidad humana, esto te debe derrumbar psíquicamente.
Desde aquí mis respetos y admiración por Médicos sin Fronteras.
Aquí, más o menos, la gente tiene de todo, algunos pensarán que no, pero comparado con otros lugares te puedo afirmar que ni se imaginan lo mucho que tienen. Les faltan medicinas, alimentos, agua, educación, futuro, derechos… les falta lo más básico.
Claro que intentan llegar hasta aquí como pueden, atraídos por este desmesurado lujo que ven por la televisión. Mientras no arreglen sus necesidades primarias allá en su país, esto será imparable. La única solución es equilibrar tanta desigualdad entre ellos y nosotros, y para ello tenemos que echarles una verdadera mano en sus países de origen.
¿Qué pasaría si en un país llamado «civilizado» alguien muriera de hambre? ¡¡¡Hambre!!! Parece inimaginable. No tener nada que comer o beber y acabar muriendo. La noticia sería un drama nacional.
Pues pasa a diario en muchos países y lo estamos permitiendo.
¿Los banqueros, políticos, constructores, magnates, militares? Estos son los principales culpables de la destrucción del planeta y de la injusticia humana; por supuesto siempre hay excepciones, pero la mayoría destruyen la tierra y explotan a la gente.
¿A costa de qué, pueden las multinacionales ganar tal cantidad de dinero?
Nos olvidamos que somos animales que hablamos, no nos gusta reconocernos así. Queremos ser y representar la especie superior dominante. Y así, sin quererlo, nos separamos del TODO.
Desde la cumbre de Río en el 92 no he visto ni un solo cambio en cuanto a flora, fauna y contaminación. En muchos países ya es tarde. Y me temo que pronto lo será en todo el mundo.
Hemos sido y somos crueles con los animales, crueles con la naturaleza, en definitiva, con este planeta. Actuamos de una manera enfermiza, irracional. Como si de una posesión dominadora se tratara. Teniendo que demostrarnos a nosotros mismos el dominio sobre ella. Sin ningún tipo de escrúpulos. Matar, destruir, dominar. Parece que no sepamos hacer otra cosa.
¿Alguien me puede explicar cómo hoy en día un país tan civilizado y respetuoso con el medio como Islandia, con una naturaleza tan extrema y hermosa, puede volver a cazar ballenas una vez acabada la moratoria? ¿Es realmente necesario? ¿Su economía depende de ello? ¿Por ser una costumbre cultural, deben asesinarlas? ¿Sus habitantes están de acuerdo? No me lo creo.
La sopa de aleta de tiburón, angulas, caviar, cuernos de rinoceronte, garras de tigre, marfil, pieles de oso o de foca, manos de gorilas, selvas destrozadas, mares casi sin vida, lagos secos, montañas quemadas, tribus al borde de la extinción. Etnias humilladas, masacradas, aplastadas culturalmente, hacinadas, como si de un espectáculo se tratara, perdidas, desorientadas, esperando un final trágico.

H.- ¿Y cómo ves la situación aquí?
S.- Están viniendo los ingleses, los suizos, los holandeses, los suecos, los alemanes, los noruegos a vivir su retiro soleado… a convertir la península en el paraíso de la jubilación. Es un drama ver tanto abuso urbanístico, tantos desastres ecológicos. A ver si aguanta tanto consumo de agua, energía, ruido, campos de golf, coches… Y cada día mas puertos, atestados de yates enormes que cuestan una verdadera fortuna. El Miami del Mediterráneo será pronto todo el levante español y las Baleares. Que hagan estudios y nos digan si podemos aguantar todo eso.
¿Y qué me dices de la especulación inmobiliaria? ¿No debería hacer algo el gobierno de turno? Es un gran problema para mucha gente ¿no?, pues nada no se meten. Cobardes.

H.- Pero a los que hacen los estudios luego no les hacen ni caso.
S.- Una vez más. Estamos contaminando cada día millones de personas, y ahora, cuando Rusia China e India se nos unan, esto va a ser de locos. Más de la mitad de la población tendrá parque móvil. ¿Y la energía que necesitarán para todas sus ansias de progreso?
Y luego hacen que nos sintamos culpables nosotros, los simples ciudadanos, proponiéndonos que reciclemos o ahorremos energía, que seamos solidarios. Tiene narices el asunto, nos trasladan a nosotros las consecuencias de sus acciones, sin que sean las empresas o los políticos los que asuman las responsabilidades. Una vez más nos manipulan y tragamos.
Políticos, qué rollazo de personas son la mayoría, mentirosos por obligación, sin carisma, sin coherencia, sin ética, sin empatía, sin compasión, solo con prioridades económicas y sin visión de futuro ecológica ni humana. Son como los actores secundarios. ¡Me aburren tanto!

H.- ¿Y tu que haces?
S.- Poco todavía.

H.- ¿Estamos muy manipulados?
S.- Total y absolutamente. Estamos adormecidos. Nos atontan con la televisión, con prensa vendida, con deportes, política, consumo, ilusiones, esperanzas, mentiras, miedos. Siempre ocupando nuestro vacío interior. Es fácil y adictivo. Les interesa tenernos así. Y todos caemos; yo, el primero.
Nos dicen cuando tenemos que coger nuestras vacaciones y todos como borregos lo hacemos. Nos lo exigen. Vacaciones, qué forma tan antinatural le hemos dado al descanso.
Yo creo que la gente, si pudiera, tendría que elegir los trabajos en función de las posibilidades de elegir sus días de respiro.

H.- Pues si ya está mal lo de encontrar empleo y encima vamos con exigencias…
S.- Pues yo aún diría más, aparte de coger unos días para estar con la familia, deberíamos contemplar tener algunos días para uno mismo en soledad.
Es interesante y necesario estar a solas contigo mismo. Es un ejercicio importante. Una buena prueba y oportunidad. Te resitúa en tu vida y en ti mismo, te distancias de la rutina diaria. La monotonía se rompe y esto te da un tiempo nuevo, distinto, que aprovechas para reflexionar. Adquieres objetividad y aprendes.

H.- Yo lo hago también de vez en cuando. Lo necesito. Simplemente me voy solo dos o tres días. No diré que medito exactamente, pero sí que rompo con lo habitual.
S.- Exacto, de eso se trata, y si vas en tren mejor, dejar el coche al margen. El coche, uf, qué importancia tan ridícula le damos. En Barcelona, donde tenemos metro, autobuses, carril bici… incluso la moto, me da igual… y todos en coche. Además, los coches me parecen enormes para la ciudad y normalmente ocupados solo por una persona. ¡Qué gasto tan prescindible de tiempo y de energía!
Los jóvenes sí que lo entienden. Los ves a muchos con su bici, o paseando sin prisas, con su música, ajenos a la porquería de mundo que han heredado... No oyen ni las sirenas, ni los atascos, nada. Sienten el sol, el frío.

H.- Creo que el estatus de la gente ha cambiado. Antes, los privilegiados tenían coche y viajaban por el mundo, hablo de hace más de treinta años; ahora, eso lo hace todo el mundo, así que lo sabio sería poder vivir sin coche y viajar, en vez de a Cancún, a Cuenca, por ejemplo.
S.- (Risa) Pues esa será la tendencia, trascender las grandes aspiraciones, cambiar exigencias por preferencias, por una vida sencilla, donde la satisfacción interior será la prioridad y la respuesta. Ese será el futuro de nuestra cultura. Se llama slow down.
Pero es fácil hablarlo desde aquí, donde vivimos como reyes. En otros países si leyeran esto se morirían de risa, cuando apenas tienen nada y sufren.

H.- El turismo se ha convertido en una plaga. El mundo cada vez es más un parque temático que se consume en viajes rápidos, en grupo y yendo todos a los mismos sitios.
S.- Sí, es cierto. El marido llama a su mujer y dice que en la agencia no quedaban reservas para irse al Mar Negro y ella le dice «pues coge uno a Turquía, o al Senegal... donde te parezca». Se viaja por viajar, sin sentir, sin pensar a donde y porqué se va.
Es el efecto mimético. Igual que cuando algún conocido se compra un buen coche; tú no vas a ser menos y deseas lo mismo. Si tus conocidos viajan a un país, tú debes hacer lo mismo.

H.-…
S.- Viajando somos una especie de carcoma. Lo invadimos todo, destrozamos la naturaleza, las culturas. Los aviones apenas tienen espacio de tanto tráfico aéreo y contaminan de una forma brutal.
Lástima, porque el viajar a veces es fantástico… repito, a veces. Tienes una comprensión más amplia de la vida, adquieres conocimiento, aprendes sobre otras culturas y admiras sus formas de vivir. Desconectas. Es una gran lección para volverte más solidario y contemporáneo con el mundo.
Pero también tiene el efecto contrario, el aborrecer al ser humano cuando ves en directo  tanta injusticia, corrupción, explotación, contaminación… y es cuando piensas: «que jodido está todo y que poca solución le veo a todo este desmadre…y, como siempre, pringando los niños, los ancianos, los enfermos o la gente del campo»… ¡Uf! A veces me supera y me iría a una cabañita a perderme.

H.- Para viajar se necesita dinero. Por lo menos un mínimo.
S.- Sí, para ir a países lejanos. Una de las cosas que me ha proporcionado el tenerlo es poder escoger los destinos y viajar más cómodamente, si así lo quiero. Puedo escoger, me da libertad, tengo opciones y esto realmente es bueno.

H.- Se avecinan, me temo, tiempos de menos espiritualidad y concienciación aún que los actuales.
S.- Todo lo contrario. Existirán cada vez más posturas radicalmente opuestas. Cuando tan solo un 15% de la población mundial desarrollada económicamente despierte será imparable, será el proceso a la inversa al que hasta ahora hemos llevado. Será un decrecimiento. Una desaceleración inevitable.
Por eso creo que es un momento interesante. En diez años veremos que se aplicará más la espiritualidad, la sencillez en nuestras vidas. Veremos unas empresas más humanizadas y la recuperación y nacimiento de nuevos valores. De hecho, creo que ya ha comenzado.Desde luego siempre bajo una perspectiva occidental claro.
Las personas escogerán ganar menos a cambio de tiempo. Estamos asistiendo al renacer de unos valores, a un nuevo sistema de pensar y sentir.
Por contra, seguiremos todavía una temporada muy larga en manos de esos señores a los que no les preocupan ni las vidas humanas ni la destrucción de este planeta, que manejan a los gobiernos y el orden mundial, que son insaciables y no conocen la palabra escrúpulos. Son inmensamente ricos y poderosos.
Primero debemos recuperarnos a nosotros mismos y luego luchar.
Son esos llamados asesinos sin rostro y nosotros sus cómplices, que aún sabiéndolo, lo estamos permitiendo.
Ojo a los incidentes que ha habido recientemente en Francia o Dinamarca. Puede ser que todos los inmigrantes y jóvenes a los que se les cierra el acceso al «paraíso» que cada día les anuncian, descubran la mentira, se unan y se rebelen en cualquier momento y lugar. Es un polvorín que puede estallar en cualquier instante.

H.-...
S.- Es que se les ofrece y promete tanta riqueza, tanto bienestar a todas horas que, al ver que nunca van a llegar, que todo es mentira, la rabia les haga entrar en un estado de violencia y arrasen con todo. Y por mi parte lo entendería. Todo ha cambiado tan rápidamente y tienen tan pocas oportunidades y alternativas.

H.- ¿No acabarían rápido con ese tipo de revuelta?
S.- Indudablemente, bajo la apariencia de democracias laten unos principios económicos del gran capital que hacen que los gobiernos estén preparados para controlar los pequeños movimientos de sublevación. Y cascan bien. Pero si estos movimientos crecen y se multiplican, no les sería tan fácil.

H.- ¿Podemos hacer algo?
S.- Tenemos una sugerencia. Una propuesta. Es, sobre todo, un proyecto para los jóvenes. Primero por eso, porque son jóvenes, y segundo porque son y serán los más afectados. Tenemos que dejarles que hagan. Les rallamos demasiado y ellos son la vida, la ilusión, la alegría, la energía, el futuro.
Eso no quiere decir que los demás, los de cierta edad, no tengamos que actuar; todo lo contrario. Europa esta envejecida y nosotros con ella.
¿Cómo? Donde más le duele y teme el asesino sin rostro: a su poder económico; sin él no es nada. Dejando de hacerle el juego, no consumiendo sus productos, por ejemplo, o luchando contra las injusticias de una forma u otra.

H.- ¿Y cómo empezaría?
S.- Tenemos un medio magnífico que tiene un poder universal. Internet.

H.- De acuerdo. Pero, ¿cómo se hará a través de Internet?
S.- Proponiendo una página web como punto de partida. Será como un lugar de encuentro. Compartiremos opiniones, comentarios, ideas. Para las decisiones habrá un comité variado. Biólogos, ecologistas, filósofos, economistas, activistas… que entre todos decidirán qué campaña emprender según las propuestas. Se filtrará el exceso de campañas posibles, para no saturar y así ser más efectivas. Pocas pero contundentes. Aprendiendo día a día sobre la marcha, corrigiendo si es necesario. Todo muy humildemente (tendréis que confiar).
Hay poco que perder y mucho que ganar. Además tenéis la garantía que no nos moverán los fines económicos, eso os lo puedo garantizar con mi palabra. ¿Qué sentido tendría?
Esta web tendrá una identificación, un distintivo como un sello de origen que la pueda diferenciar de otras y así poder confiar en su autenticidad. Solo podrán adherirse personas presentadas por un amigo que ya esté dentro. Es un primer paso, un lugar para unir a los sin voz, para dejar de quejarse y criticar y empezar a actuar, dándonos un empujoncito entre todos.
¿Por qué no probarlo? Acabamos de vivir dos intentos, que han sido el de apagar las luces cinco minutos y el de los teléfonos móviles, con resultados malísimos, pero algo es algo.
La dirección es www.acambiar.com. Cuando entréis en la página encontraréis toda la información más ampliada.

H.- Mucho me temo que esta iniciativa se quedará en nada.
S.- Danos una oportunidad. Es difícil, pero lo intentaremos.

H.- Vamos a por un tema personal. Tú estás divorciado y tienes una nueva pareja. ¿Quieres hablar de eso?
S.- ¿Por qué no? El divorcio para mí es un concepto difícil estructuralmente, demasiado rígido, no creo en ese concepto. Opino que cuando amas y alguno de los dos se separa no tienes por qué dejar de amar, así, sin más. El divorcio no es una goma de borrar.
El amor, cuanto más leo, más escucho, más me doy cuenta de que es una verdad universal; es un don que tenemos todos, o casi todos. Amar a tu pareja, amar a tus hijos, amar a tus amigos, amar a los animales, a la naturaleza, en fin, mil formas de amar. ¿Como puedo dejar de amar a la madre de mis hijas?

H.- Pero no se puede vivir amando a todas horas.
S.- Hay días en que ese amor desaparece, porque no estás en paz con el mundo, nuestro corazón está cerrado. Pero si lo trabajas, más amor generas. Es un problema interior que tenemos que desbloquear.

H.- Del amor se pasa al odio con facilidad, parece. Un tema difícil.
S.- Sí, aparece el rencor, la rabia, la ira, el despecho. Hay que entenderlo, empatizar y seguir todo lo cerca que puedas y te dejen. Y deberíamos estar un año, dos, tres, cuatro, cinco, los que hagan falta, hasta lograr la paz. Acabar con las culpas que nos atormentarán siempre.
Compartimos alegrías y penas, éramos uno, ¿y ahora enemigos? Me niego a verlo así.

H.- Siempre sale alguien más dañado en las separaciones.
S.- Sí, y cada cual debería saber o sentir si siente la obligación y el compromiso de cuidarle como lo había hecho antes de la separación. No dejarle desamparado hasta que esté recuperado del dolor que le provocaste.
Y, sobre todo, los hijos no pueden sentir la anulación de la figura paterna o materna. Los niños necesitan esos dos pilares, padre y madre; aunque ya no vivan juntos tienen que sentirlos cerca. Siempre tenemos que pensar primero en nuestros queridos hijos.

H.- Pero el amor se acaba, como todo. ¿O no?
S.- Se transforma, evoluciona, se acaba el enamoramiento, pero no el amor. Todos sabemos que el amor es «la droga por excelencia», tiene un principio muy fuerte que nos nubla los sentidos. Es un estado que, para mí, podría definirse próximo al éxtasis.
La música la sientes como nunca, el sol brilla, la vida es hermosa, la pasión es total... todo es fantástico. Una sensación de pura química que engancha.
Con el tiempo esas reacciones químicas van desapareciendo lentamente y entras en otro proceso distinto del cual hay que ser consciente y valorarlo.

H.- Y el sexo...
S.- Otra cosa es el sexo. Es una descarga, algo que te puede alejar de la realidad durante un tiempo, nada más. Luego, vacío.

H.- No sé si es la propia naturaleza lo que le hace ser así al ser humano.
S.- El hombre, por naturaleza, es polígamo. Y tenemos que cambiar esa naturaleza porque el sistema lo ha organizado así. Pero el sentido del ser humano es el de procrear para perpetuar la especie, tan simple como esto, nada más.
Pero el sistema te dice: «no, cuando encuentras una pareja te casas y debes pasar toda la vida con ella».

H.- En España hemos pasado en poco tiempo de ser uno de los países más mojigatos en el tema del sexo a ser la «avanzadilla».
S.- Cuando veo en la prensa tantos anuncios eróticos, alucino. Cada espacio pequeñito cuesta 240 euros diarios. Y está lleno de esos pequeños anuncios. Calcula el dinero que se gastan al mes en hacerse publicidad.

H.- Eso es que cubren gastos, por lo menos.
S.- La mayoría de los que van a esos lugares son hombres casados. Luego nadie reconoce haber ido. Esta es una hipocresía más de la sociedad moralista.

H.- Volviendo a la pareja...
S.- La convivencia diaria, en algunos casos, y la rutina que se adquiere, matan al amor. A la pareja no se le puede pedir tanta intensidad de convivencia. No se puede estar siempre en el subidón. Levantarse, desayunar, comer, cenar, viajar... te anulas como persona. Son dos vidas que conviven demasiado tiempo juntas. Se interfieren entre ellas. La convivencia despersonifica con el tiempo y se debe estar atento.
Cuando te divorcias y te quedas solo recuperas parte de tu personalidad. Y recuperas esa esencia porque estás solo. Vuelves a ser tú. Pero a la vez es a lo que tememos la mayoría.

H.-...
S.- Una de las cosas que deberíamos tener en cuenta siempre al tener pareja es aceptarla y no querer cambiarla. No manipularla.
Pero como el enamoramiento nos nubla la vista, se juega a ser el encantador y la encantadora, no somos objetivos y no vemos a la persona en su totalidad. Después, con el paso del tiempo, viene el querer cambiarla.
Con la rutina tendemos a sacar lo peor de cada persona, y nos olvidamos de como era cuando la conocimos, de porqué nos enamoramos de ella, y dejamos de valorarla y apreciarla.

H.- Pero alguna solución habrá.
S.- Si la otra parte es feliz, tú deberías serlo también. Evitar el egoísmo. No hay que pensar que todo lo que nos gusta a nosotros, a uno mismo, tiene que gustar a la pareja. Y respetar sus gustos al mismo tiempo que los tuyos. Crear como el cordón umbilical que te unió a tu madre.
Significa que esté donde esté, por muy lejos que sea, sigo unido a ella. No hay miedo al abandono. Si por las circunstancias que sean tienen que estar separados, les sigue uniendo ese lazo, esa complicidad.
Tenemos que buscar nuestros espacios, nuestros momentos. De lo contrario no crecemos, decrecemos.

H.- ¿Prescindir de ese sentido de posesión que nos caracteriza?
S.- Totalmente. Ese es un tremendo error. El amor es la antítesis de la posesión. Si tu pareja es feliz, tú eres feliz. Ese lema es el que debe presidir la relación. Pero aunque es sencillo de enunciar es complicado de llevar a cabo.
Imaginemos que estás solo en casa y echas de menos a tu pareja, quieres que venga para estar con ella, ir a tomar algo, al cine o lo que sea, que colme tus carencias, y no se cumple tu deseo. Pues te fastidias. Tu pareja está perfectamente con amigos o haciendo lo que le apetece. Y deberías disfrutar serenamente, con tus propios recursos, de lo bien que lo está pasando… Si no lo comprendes no podrás amarla de verdad.

H.- Todo esto es muy bonito sobre el papel, pero los problemas diarios de convivencia, económicos, de educación, profesionales, familiares… o sea, el día a día, no te permiten ponerlo en práctica. De ahí tantos divorcios. Mírate a ti.
S.- Pues precisamente porque lo he vivido te lo estoy contando. No supe ponerlo en práctica. Ahora, con mi pareja, lo intento con mucha dosis de paciencia, diálogo, enfados por defender nuestros espacios individuales y comunes, tratando de encontrar una fórmula justa para nuestra relación, compatible con las circunstancias personales de cada uno de nosotros.

H.- ¿En definitiva, pareja sí o no?
S.- Me gusta ver parejas ya maduras, cogidas de la mano, serenas, en paz. Me gusta la familia numerosa y unida.

H.- ¿El amor a los hijos es el amor perfecto?
S.- El amor a los hijos es el más bonito, probablemente porque no existe el egoísmo, más bien el sacrificio. Hay aceptación. Es el amor puro. Es instintivo, brota de uno. Comprendes que una madre o un padre puedan morir por un hijo. Cuando mis padres me decían que darían su vida por mí, no lo entendía. Tienes que tener hijos para comprenderlo.

H.-...
S.- Esto me lleva a un tema que considero muy importante: la educación en los colegios.
Estamos en un sistema escolar represivo, que hace que los niños solo se preocupen de sacar buenas notas por el miedo al suspenso, y crean ansiedad y estrés.
La sociedad condiciona y contamina la mente del niño y destruye su inocencia. Habría que educar con amor, dándoles cultura y sabiduría, pero no solamente para competir, triunfar o ser aceptados y respetados en la sociedad. Acabar con los estigmas de parado, separado, jubilado, lesbiana, arruinado, deprimido, vagabundo…
Cambiar el concepto que impera de individualismo, de posesión, de propiedad. No somos lo que tenemos sino lo que somos. Enseñar a buscar dentro de uno mismo y así ayudarles a que descubran lo que les gusta y quieren en la vida. Quién es en esencia. Prepararles emocionalmente. Desvelarles verdades fundamentales de la vida, sin ocultar realidades que nos atemorizan. Salir más a la naturaleza, aprender de ella. Hablarles de la paz interior, del silencio, de la muerte, de la melancolía, del miedo, del amor, de la tolerancia, de la soledad... conceptos que nadie explica nunca y que forman parte del despertar.
Y, por supuesto, debe ser una tarea compartida con los padres en la misma responsabilidad.

H.- ¿Hablamos de tus padres?
S.- Mi madre, Ethel, nació en Ortisei, un pueblo pequeño de la Val Gardena en el norte de Italia. Fue hija de madre soltera, y cuando mi madre tenía tres años, la abandonó y se quedó al cuidado de su tía. Como en el cuento de Cenicienta, realizaba las tareas más duras de la casa. No tuvo una infancia muy feliz. A los dieciocho años decidió marcharse y empezó a vivir su propia vida. Pasó por Roma, Madrid y por fin se instaló en Barcelona, donde conoció a mi padre, Guillermo.
El era el típico comerciante catalán. Muy fácil, muy llano y con sentido del humor. Guapo, deportista, seductor, un latin lover. Se casaron ya mayores. No fue una relación fácil. Yo sentía que mi madre no era feliz con las expectativas que esperaba de su matrimonio. Al no poder divorciarse ni llevarme con ella al extranjero, mi madre llevó una vida melancólica y triste. Sé que absorbí mucho sufrimiento inconscientemente.
Supongo que a mi madre le dolería escuchar esto, porque los hijos no tienen nunca que recibir las carencias de sus padres. A mi ella me las transmitió sin darse cuenta. Esa sonrisa ingenua, inocente, llena de amor es la que nos confunde ante esos ojos que nos creemos que no ven y esos oídos que creemos que no oyen.
Ahora sé que muchos de mis condicionamientos actuales ante la vida vienen dados por mi infancia. Ahora me gustaría tener charlas con ella, pero ya es imposible.
Recomiendo a todo aquel que tenga temas pendientes, cosas por aclarar, proyecciones frustradas, incomprensiones, temas callados, que procure hablar con ellos y acabar con fantasmas y malentendidos que hayan podido producirse en años pasados. Acabar con culpabilidades y reproches. Hacer las paces. Este sí es un gran consejo.
Tengo que decir que aunque la relación entre mis padres fue dura, los dos me adoraban. Y yo a ellos.

H.- ¿Qué sientes con el paso del tiempo?
S.- Antes todo lo vivía más inconscientemente. Ahora tengo más conciencia de lo que es el amor, la vida, la amistad, los hijos, el dolor, el tiempo. Todo se ha ido haciendo más real.
El motor de la vida es la ilusión, la pasión; cuando eres joven todo está por vivir.

H.- ¿Y ahora?
S-. Ahora ya tengo mucho por detrás. Estoy en la segunda etapa de mi vida. Y quiero aprovecharla para enfrentarme a todo aquello que tengo pendiente, antes de que el tiempo se acabe. Es interesante intentar cumplir con los deberes.

H.- ¿A qué deberes te refieres?
S- Cada uno tiene los suyos personales y sabe cuales son.
En mi caso personal, como ya te dije, ir encontrando la serenidad poco a poco, que no se me agrie el carácter con la edad, no perder las ilusiones y empezar cosas nuevas. Como por ejemplo estudiar auxiliar de enfermería el año que viene. Me hace ilusión.

H.- ¿Entonces, deduzco que ahora tu motor será evitar la ansiedad?
S.- Sí, entre otros. Llámalo inquietud, ansiedad, angustia, existencialismo, como quieras. El caso es que, reciba el nombre que reciba, es muy pesada y nos impide vivir al no dejarnos ser libres.
Por un lado es buena, porque te hace mover, buscar, crear, ser inconformista, pero por otro lado provoca una insatisfacción permanente, que no te deja saborear, valorar o apreciar los momentos. Vives ansiosamente porque no estás en paz, piensas más en el mañana que en el ahora, por lo que no vives.
Todos sabemos que a esto se le llama miedo y que esta ansiedad es la huida. Y de tanto vivir así te vuelves un adicto a ese comportamiento.

H.- ¿Hay muchos tipos de adicciones?
S.- Creo que todo en la vida es una adicción de una forma u otra. Emocional o física. Puedes llegar a afirmar cosas que muchos no logran entender nunca, como Jean-Paul Sartre cuando escribió «mi vida no tiene sentido sin fumar».

H- Entonces, tú que no has podido dejar de fumar, ¿opinas como Sartre?
S.- Sí. Calma mi ansiedad. Mi adicción, aquí y ahora, me hace pensar así. No yo. Soy una víctima de mi adicción y debilidad que no controlo.

H.- Has mencionado el aquí y ahora. ¿Le das mucha importancia a ese concepto de lugar y tiempo?
S.- Mucha. Si consigues entenderlo y practicarlo es que entonces no corres. No huyes de ti. No te preocupa aburrirte, no temes al futuro, vives el momento de verdad, la vida. Hay paz, tranquilidad, serenidad.
Me interesa saber sobre el pasado y el posible futuro. Pero el pasado es inalterable y el futuro no ha llegado aún. Así pues, lo que me interesa es el presente, el ahora y la gente que vive al mismo tiempo que yo. Me hace sentir solidario con todas las personas y seres vivos que habitan en este mismo lugar y en este mismo momento de vida. Porque son mis contemporáneos y su bienestar o malestar lo comparto a la vez.
La contemporaneidad me apasiona. Dentro de una pura cabalística de probabilidades tiene mucho de romántico el que todos ahora compartamos este momento en la historia de la vida.

H.- Un inconsciente es más feliz que una persona consciente.
S.- Tiene su miga. Me lo planteo muy a menudo. Teóricamente, el inconsciente no se cuestiona la vida, o quién es, no tiene crisis de angustia. Desde luego puede tener otros sufrimientos, pero no busca respuestas. ¿Entonces podría afirmar que sufre menos emocionalmente? Pues sí, es más feliz, solo que no lo sabe.
«Pienso, luego existo» o «Pienso, luego no existo» ¿Difícil no?
A mi personalmente cada día me tira más la segunda. Pero me temo que no hay elección, no hay vuelta atrás.
Te contaré un cuento breve muy bonito sobre el despertar a la conciencia que seguro que ayudará a que se entienda mejor este tema.
«Una rana preguntó a un ciempiés “¿Cómo decides qué pata mover antes y cuál después con las cien que tienes?”
“He andado toda mi vida así y nunca he pensado en eso” –respondió el ciempiés.
Pero el pensamiento ya había entrado en él por primera vez en su conciencia.
"En realidad tiene razón la rana, debería saber qué pata debo mover primero", pensó. Y se quedó en el lugar, sin moverse, pensando, hasta que finalmente se cayó.
“Por favor –le dijo a la rana–, no le hagas esa pregunta nunca a ningún otro ciempiés. He caminado toda mi vida tan feliz y nunca había sido un problema y ahora no puedo moverme, no sé cómo debo mover mis cien pies”».

H.- ¿Y si banalizamos un rato y nos relajamos? ¿Un color?
S.- He estado catorce años con el naranja. Ahora, blanco y dorado.

H.- Un número.
S-. Siete.

H.- A mí también me gusta el siete.
S- No somos nada originales (risas). Mucha gente tiene el siete como favorito. El setenta por ciento de la población debe tener el siete como número preferido. El siete es un número bonito. Yo nací el siete de abril del 57. En fin... el siete, sí.

H- Tu letra favorita.
S- Z, W y K. Me gustan las letras poco comunes.

H- ¿Le das importancia a la ropa?
S- A veces sí y otras nada. Siempre he vestido igual: bambas, tejanos, camisetas y gafas de sol; éstas últimas creo que las utilizo, aparte de por necesidad, como protección, es realmente una manía que he adquirido. Sólo me las quito de noche.
Cuando era pequeño me parecía que algunas cosas tenían glamour. Ahora del glamour hemos pasado a la horterada.

H.- Una canción.
S.- Every Breath you take. Y Te busco, de Celia Cruz.

H.- Una película.
S- No puedo, serían demasiadas las que citaría. ¡Me gusta tanto el cine!...junto al amor es mi gran escapatoria de la vida real.

H.- Entonces un director de cine.
S.- David Lynch y siete más.

H.- Un país.
S.- Muchos. Pero me jode la gente que cuando regresan de un viaje siempre te cuenta que ha sido fantástico. ¡Y un jamón! Algunos son un coñazo.

H.- ¿Libro?
S.- El amor en los tiempos del cólera.

H.- ¿Un personaje que te gustaría ser?
S.- Robert Redford en Memorias de África.

H.- ¿Qué estás leyendo ahora?
S-.Tu eres luego yo soy, de Satish Kumar, antes ya mencionado.

H.- Algo de televisión que te haya marcado o que recuerdes especialmente.
S.- En series, Twin Peaks... más atrás, Viaje al fondo del mar, cuando era un crío. Ah, y también Retorno a Brideshead. Al margen de series, algunas tertulias que moderaba Sánchez Dragó. Y poco más. Lo que no entiendo es que una televisión pública a nivel estatal como TVE permita que recibamos esta cantidad de contaminación emocional; y de las privadas ya ni te cuento. Lamentable.

H.- ¿Un consejillo?
S.- Diría muchos, pero así de pronto… No te enamores nunca de un hijo único.

H.- Volvamos a la carga con lo emocional o vital.
S.- OK.

H.- ¿Cuál es tu verdad fundamental?
S-. Ante todo, la salud física. Que hay sufrimiento físico. Que muchos lo están padeciendo ahora aquí o lejos y esto es una putada. Con dolor es terrible vivir. Este cuerpo tan complejo nos puede jugar malas pasadas.
Luego estaría la coherencia con tu ser interior. La paz. Puedes llamarlo esencia, espíritu, alma... lo que quieras.

H.- ¿Qué es ese ser interior?
S. - El ser espiritual que todos llevamos dentro, el que esta por encima de todo. El que nos da paz, plenitud. Nada te perturba. Viajas como el viento a ninguna parte. Eres. Estás.
El que está escondido mientras vamos interpretando los personajes que nos marca la sociedad, los padres, nuestros temores, las locas ganas de gustar a todos o nuestro tremendo ego, y lo relegamos a un desván donde lo olvidamos, por lo que no podemos ser felices.
El ser interior te quiere y se preocupa de ti, te da toques pero casi no le hacemos caso.

H.- ¿Crees que hay otras vidas en el universo?
S.- Con lo enorme que es, ¿cuánto espacio desaprovechado si no fuese así, no?

H- ¿Se está tan bien en el otro mundo que nadie vuelve? ¿O nadie vuelve porque no hay otro mundo?
S.- No sé contestarte a esa pregunta.

H.- Me quedo con la de Woody Allen, que dice que no sabe si habrá algo más allá pero que, por si acaso, se llevará una muda de calzoncillos.
S.- (Risas)

H.- ¿Te preocupa envejecer?
S.- ¿Quieres que te mienta? Me molesta ir comprobando como pierdo la memoria, como mi cuerpo se deteriora, como mi energía se va evaporando. A mi ego le jode saber que moriré.
Pero no debemos hacer caso al sistema opresor que nos dice hasta como tenemos que envejecer, como comportarnos, sentirnos, vestirnos, trabajar. ¡Anda ya! Olvídate y siéntete como te dé la gana.
Envejecemos porque queremos. Todo está en la mente. Obviamente, el físico no es el mismo.
Ya que estamos, ¿cómo podemos cuidar así a las personas llamadas de la «tercera edad»? (que expresión tan horrible), ¿otro estigma social? Apenas sin recursos, esperando su final. Justamente cuando más tendríamos que cuidarlos. A los niños, todo; a los ancianos, nada.

H.- ¿Cómo crees que será tu muerte?
S.- Depende de como haya vivido. De ahora en adelante, a partir de una cierta edad, es importante prepararse para la muerte y corregir, si estás a tiempo, temas pendientes. Un día pensé que la meditación perfecta debía ser la muerte. ¿Si me acojona? ¿Quieres que te mienta otra vez?

H.- Pero es la nada.
S.- Claro. Es la gran meditación final. Nada. El cero absoluto, la perfección. Como antes de nacer.

H.- En el fondo, ¿hay mucha diferencia entre unas religiones y otras?
S.- No me gusta el término religiones. Yo creo en Buda, Jesús, Mahoma, Confucio, grandes hombres, seres maravillosos, humanos como nosotros. Todos sus mensajes y enseñanzas son muy parecidos.

H.- ¿No hay mucho impostor dentro de este mundillo, llamémosle espiritual?
S.- Sí, sobre todo en estos momentos tan confusos y necesitados de la espiritualidad; creo incluso que se está empezando a rozar la frivolidad. Suerte que pronto se delatan. Si ves que hablan con entusiasmo, con el corazón, con humildad, sin imponer o en silencio, que no sacan ningún beneficio de ello, entonces es cuando hay que escuchar. Y que difícil resulta algo tan sencillo como callar y escuchar, lo sé por experiencia.

H.- ¿La autointrospección es constructiva siempre?
S.- No, en absoluto. Puede derivar en un proceso destructivo. Aún así tendemos a la introspección de una forma natural, casi instintiva.
No solo se buscan respuestas, ese sentimiento espiritual o místico ya está implantado en el hombre, está en nuestros genes. Sentimos una necesidad de búsqueda del porqué de nuestra existencia.
Einstein ya dijo que «lo místico es la fuente de toda ciencia». Pero lamentablemente vivimos de espaldas a la realidad, y a la muerte en especial, porque duele.

H.- ¿Cómo has llegado a alguna de estas afirmaciones?
S.- Todas las cosas que he probado o a quienes he consultado, como astrólogos, gurús, psicoanalistas, meditadores, médicos de muchas culturas, religiones, ciencia, conferencias, debates...  me han aportado cosas interesantes, nuevos conocimientos que me confortan y ayudan en mi proceso, pero no a encontrar una fórmula mágica que me dé la serenidad. Ese es un trabajo personal y en solitario que requiere práctica, paciencia y constancia.

H.- ¿Entonces?
S.- Humildad mortal.

H.- ¿Suicidio?
S.- No nos gusta hablar de ello; nos da mucho respeto.

H.- ¿Llega un momento en el que se encuentra la paz?
S.- Algunos me han dicho que sí. Lo que es cierto es que tus agregados, tus miedos, tus fantasmas estarán ahí toda la vida. Por mucho que hagas para esconderlos, reaparecen. Hay que reconocerlos, hacer las paces con ellos, aceptarte a ti mismo y tus circunstancias, por muy dolorosas que sean.
Pero también a la vez debe compaginarse con acción, comprobando que dando recibirás más y te ayudará en tu camino. Si no te volverás un egoísta obsesivo que solo piensa en sí mismo. Y no sabes a cuantos he conocido de esos.

H.- En general, ahora se dice que la felicidad son momentos.
S.- Sí, es lo que se suele decir. Pero dicen que hay un estado de plenitud permanente que sería lo más aproximado a la llamada felicidad. Un día, un maestro en la meditación Zen, respondiendo a la pregunta de si era feliz, contestó que había momentos en los que no lo era. Me parece una buena respuesta.

H.- ¿Drogas?
S.- Ojo.

H.- ¿Crees en el libre albedrío?
S.- Todo es libre albedrío, o si lo prefieres, todo es causa efecto. Dentro del caos hay un orden perfecto. La vida es «campi qui pugui», como el dicho catalán. En sí, todo se basa en perpetuar la especie, nada más. Todo ser vivo tiene el instinto egoísta de la supervivencia. Llevamos el «gen egoísta». Todo vale.

H.- ¿Religión?
S.- Sus personas, Jesús, Buda, Confucio, Mahoma. Los más grandes protagonistas de la historia del ser humano. Luego se espesa todo y se vuelve denso, cargante, depresivo.
El Taoísmo, el Islamismo, el Cristianismo, el Judaísmo, el Budismo, todas más o menos dicen lo mismo y tiene unos valores éticos que a veces es bonito escucharlos pero parecen difíciles de aplicar, de practicar, dado como está el mundo ¿no?

H.- ¿Cosas buenas?
S.- Muchas. Amor, cine, amigos, música, flores, sexo, niños, pasear, emociones, lluvia, tiempo, humor, ciencia, familia, mar… Se pueden perder cosas, pero no el tiempo. El tiempo es imposible de recuperar. Recuerda, como dice el anuncio de televisión, que tienes 1.440 minutos cada día para gastarlos como tú decidas y cada día te los vuelven a regalar de nuevo.
La primera vez que vi este anuncio no valoré la intensidad de su contenido, pero ahora me parece brutal el mensaje. Piénsalo, cuéntalos y valorarás la importancia que tiene gastar tontamente cada uno de los minutos de tu vida, es muy gráfico.
También me gusta la ética. Es como un norte, una guía, para el ser humano en su amplio sentido. La vida es un milagro, un misterio y a veces siento como si sobráramos en este milagro y por eso la ética es necesaria. Nos recoloca.
Y la ciencia, me apasiona cada día más.
Ah, se me olvidaba, y las mujeres…

H.- ¿La mujer tiene todavía mucho que recorrer para la igualdad real con el hombre?
S.- Sí, pero lo recorren cada vez más deprisa. Quizás les falta un poco más de sentido del humor y así tomarse algunas cosas más a la ligera y ser menos rivales entre ellas. Pero ellas son las fuertes.
¿Cómo consiguen trabajar ocho horas, comprar la comida, arreglar la casa, hacer los deberes con los niños, bañarlos, darles la cena y estar de buen humor para cuando llegue su maridito  del trabajo y encima, según ellos, agotados y quejosos? Y así es en todas las culturas que conozco.
Hablando de mujeres, quisiera mencionar a las misioneras y a las enfermeras. El trabajo de las misioneras que realizan en casi toda África, India, Bolivia, Perú y en tantos otros lugares, es pura vocación y este espíritu las lleva a atender, cuidar, lavar a enfermos en sus hospitales, a tener un huerto, una escuela, luchar con una entrega total. En cualquier país han hecho más que nadie por la población nativa. Y han sufrido siempre las peores consecuencias de las guerras y los enfrentamientos. Son ejemplares. Una especie en extinción.
También quiero mencionar a las enfermeras que tenemos aquí mismo, en cualquier hospital, ¡que poco reconocidas y valoradas están en su trabajo diario!

H.- Vas en bicicleta por la ciudad ¿no?
S.- Yo descubrí la bicicleta por la tecnología. Porque apareció en el mercado una bicicleta eléctrica, con la que no te agotas, ni sudas, vas cómodamente sentado, pedaleas lo justo, haces ejercicio pero no te destrozas. Aparcas donde quieres, te pones música y te desentiendes de todo. Tomas conciencia de tus desplazamientos y cambias tu estilo de vida. No hay tanta prisa. No te contagias de las prisas y mala energía que producen los pesados desplazamientos entre atascos e insultos
¿Te das cuenta que en la ciudad siempre corremos, vamos apresurados e inclusos ansiosos? Parece como si tuviera que ser forzosamente un lugar estresante, si no, no es ciudad. Tenemos que cambiar nuestras ciudades urgentemente. Hacerlas más humanas. Y a mi me gusta vivir en ella, pero podría ser mejor.
Podríamos empezar por introducir lo que algunas ciudades ya están probando. El movimiento show (despacio), que no es más que aplicar este tempo a todas nuestras acciones diarias. Hay tantas medidas que se podrían aplicar fácilmente y cambiar esa idea de ciudad.

H.- Estamos en ello.
S.- Sí, pero poco contundentes y lentas.

H.- Antes de terminar, ¿deseas añadir algo más?
S.- Se quedan muchas cosas en el tintero… tiempo y ocasión habrá, tal vez, para hablar de ellas. Pero sí quiero mencionar a Epicuro. Me ha sorprendido, al leerle, con sus teorías. Epicuro (341 antes de Cristo), para mí, es como el primer hippie de la historia. Genial. Me identifiqué totalmente con su pensamiento y su manera de ver la vida. Para él lo más importante eran la amistad y la reflexión. Estos eran sus tesoros. Siempre le molestó trabajar para alguien e instauró lo que podría llamarse una comuna, aceptando un estilo de vida simple. No tendrían dinero, pero no recibirían órdenes.
Su casa era como una gran familia donde solo cabían la simpatía y la amabilidad. Se alimentaban de un gran huerto.
Para él, somos felices si no padecemos dolor. Si carecemos de ropa o alimentos tenemos que disponer de dinero para tenerlos, pero una vez evitados los sufrimientos físicos, la felicidad la encontraremos en las pequeñas satisfacciones... charlar con un amigo, tener limpia la casa, jugar con un hijo. En resumen, venía a decir que si tenemos riqueza sin amistad sin libertad ni vida reflexiva, nunca seremos felices de verdad. Si gozamos de estas cosas, entonces, aun careciendo de fortuna, seremos infelices.
Debido a lo que denominaba «opinión sin sentido de quienes nos rodean», nos dejamos llevar por una búsqueda de reconocimiento a través de la riqueza o el poder (ego).

H.- Al final, volvemos siempre a los clásicos. ¿No quieres decir una frase de esas que impacten?
S.- Hay saturación de frases ahora en todos los libros. De todos modos, sólo estoy orgulloso de una creada por mí, al intentar razonar lo que la gente cree que es buena suerte o mala suerte.
Y la defino así: «La suerte es simplemente un cúmulo de circunstancias que convergen en un momento».
También quiero mencionar las dos expresiones para mí más trascendentales en la vida
Te quiero.
Ha muerto.

 
EPÍLOGO


Al final todo es bla, bla, bla y la acabamos palmando todos igualmente.

Bueno, mañana será otro día.


Sergio Durany

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